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Chinescos en Aranjuez

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El Estanque Chinescos está situado en el Jardín del Príncipe del Real Sitio de Aranjuez creado por Carlos IV, quién lo inició siento todavía Príncipe de Asturias y lo concluyó siendo Rey, entre 1789 y 1808.

Las obras se encargaron a su arquitecto mayor Juan de Villanueva y al jardinero Pablo Boutelou. Es un Jardín que sigue la moda inglesa y francesa de finales del siglo XVIII. Tras inaugurar el Jardín del Príncipe en 1784 deciden crear un estanque al estilo de los jardines ingleses.

El estanque está coronado por dos cenadores:

  • Uno construido por Villanueva, templete monóptero de orden jónico con diez columnas de mármol verde de Italia, de fuste negro y basas y capiteles blancos. En su cúpula emplomada habría un dragón revestido de oro y sobre los pedestales, de piedra de Consuegra y Toledo, se colocaron estatuas egipcias hacia 1805 que desgraciadamente desaparecieron, tanto dragón como estatuas egipcias,con la invasión francesa.
  • El otro cenador chinesco es copia del original que construiría Villanueva, tan sólo conservado en una imagen de la colgadura bordada de la Casa del Labrador. El actual copiando el anterior es de Isidro González Velázquez ya del reinado de Fernando VII, con la misma planta pero de diferente alzado.

Cándido Lopez y Malta nos lo describe en su obra "HISTORIA DESCRIPTIVA DE ARANJUEZ" (1868) Edit. Doce Calles:

"Al principio de la calle de las Islas, y a su derecha, hay un delicioso sitio donde millares de flores de todos los países y de todas las especies rivalizan unas con otras en el mágico color y en el delicado perfume que dejan escapar. En medio de ellas,cercado de una flexible baranda de caña, formando grecas, hay un estanque irregular imitando a un lago en el que se ven tres isletas.

Se da paso a la primera por un estrecho y corto puente de piedra, de mármol los costados, encontrando una elegante y costosa rotonda que figura un templete griego. Diez columnas jónicas de mármol verde-oscuro y yetas blancas, con capiteles y basas de mármol blanco, arquitrabes de piedra de San Pablo de los montes de Toledo, sostienen una airosa cúpula pintada con gusto en su interior. Sobre otros pedestales que tienen los intercolumnios había colocadas ocho estatuas de mármol negro, representando ídolos egipcios, las que adornaron un gabinete de la reina Cristina de Suecia.

La segunda, con entrada por un puente de madera, representa un bellísimo pabellón chinesco. Su figura es ochavada, de dos cuerpos con cuatro puertas e igual número de ventanas en sus paramentos, concluyendo en un fantástico chapitel sobre el cual se eleva una aguja que atraviesa una gran esfera. Todoél es de madera con base de mármol; sus paredes están construidas con grecas caladas caprichosamente trabajadas, siendo su piso de bien combinados mármoles como el velador que hay en el centro. Un ancho espacio circunda el cenador cercado de antepecho bajo con variedad de macetas, desde el que se contempla en toda su belleza el lago, en cuyas aguas se repiten como en un espejo sus islas y sus orillas.

La última isleta está formada de peñascos conteniendo sobre el más elevado un mausoleo de granito egipcio y una fresca gruta coronada por un llorón y un árbol de amor, ceñida además de jazmines y rosales de Alejandría. Entre ellos aparecen porción de siempre-vivas, dejando apenas sitio a un colosal ababués que elevándose entre los demás árboles que le rodean, cimbrea orgulloso sobre el sepulcro y cubre con su airosa copa el terreno de tan poética mansión.

La variedad de peces que el estanque contiene y una bonita falúa chinesca en figura de dragón de dos cabezas que antes surcaba sus aguas, hacían de este sitio lo más pintoresco que ha podido crear la imaginación del hombre.

Hoy se nota la falta de las estatuas en la rotonda que dicen fueron destruidas por los franceses, y la falúa que no habiéndola repuesto también ha desaparecido. No creemos lo primero, porque a ser cierto probable parece que hubieran sufrido algo las columnas del templete el que se conserva perfectamente; han debido trasladarlas a otro punto muchos años há pública o misteriosamente por cuanto ninguno de los empleados antiguos las ha conocido.

Sufrió algún deterioro todo ello por el abandono durante la guerra de la Independencia, especialmente el pabellón chinesco que fue restaurado en 1844, suprimiendo alguno de sus antiguos adornos, entre ellos, unos trozos de grecas que pendían de las cornisas con infinidad de campanillas de metal, que hacían muy buen efecto al mecerse a impulso de la brisa. En los 24 años transcurridos ha perdido bastante esta obra de madera, la que clama por otra nueva recomposición."

Respecto a las esculturas desaparecidas del templete griego, Fe Hernández nos explica que:

"Estas preciosas esculturas habían sido halladas a mediados del siglo XVII en una villa que había pertenecido al emperador romano Adriano, en Tívoli. Después de desenterrarlas pasaron a un coleccionista italiano llamado CamilloMassimi, quien las restauró y las puso a la venta. El Marqués de Carpio compró, en 1677, nueve de las diez figuras que representaban figuras de pie, junto a varias de diferente forma, que Massimi tenía a la venta. A la muerte del Marqués las esculturas pasaron a la Casa de Alba, a cuyo titular se las compraron los reyes de España, Felipe V e Isabel de Farnesio, en 1728. Además de esta colección, los reyes habían comprado, cuatro años antes, la colección que había pertenecido a Cristina de Suecia, y que incluía la estatua que había quedado en Italia, que había sido comprada por esta reina. Los Reyes pudieron poner en la Galería del Palacio de San Ildefonso las diez figuras juntas en 1728."

Estas piezas eran unas soberbias obras en mármol gris oscuro de unos 1,70 metros de altura. Estuvieron en la Granja hasta 1789, cuando Carlos IV decide el envío de ocho de ellas hacia Aranjuez, junto con otras muchas piezas, con destino al nuevo Jardín del Príncipe. Entre las piezas que llegaron figuraban: el Apolo que durante 200 años formó una fuente principalísima y ahora mantiene una copia; dos estatuas antiguas que se colocaron entre los grupos de columnas de piedra berroqueña en la Puerta principal, y que representaban a Pomona y Minerva; el Neptuno Río de los Pabellones; el famoso Puteal de la Moncloa, que estuvo aquí hasta 1814; catorce bustos de emperadores, y una escultura de dos niños disputando una palma, que representa la lucha del Amor profano y el Amor divino. Las ocho piezas fueron a adornar el recién creado templete griego de los Chinescos; pero desaparecieron durante la invasión francesa. No se sabe si fueron destruidos o robados, pero lo cierto es que se ignora su paradero. Quindós es la última persona que los describe, ya que Manuel Aleas, en 1824, dice que fueron derribadas por los franceses. También Nard achaca a la francesada la desaparición."

Después de la desaparición de estas piezas, vinieron los jarrones.

Para hacernos una idea de cómo eran podemos ver las piezas semejantes que permanecen en el Museo del Prado (quedan dos figuras de pie), y los dibujos del cuaderno Ajello, especie de inventario con sus respectivos dibujos que el abate Ajello hizo cuando las piezas estaban en La Granja.